Balance de una guarimba

No se observan en las filas de la oposición un análisis frío de si avanzó o retrocedió en sus metas durante las últimas tres semanas. Lo que sí ha tenido lugar, es que en el gobierno sacaron su balance y están en plena confusión entre dos actitudes: la de la “Conferencia Nacional de Paz” promocionada por Nicolás Maduro, y la de represión total y brutal, visiblemente aconsejada por el ala dura del partido de gobierno

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Por JURATE ROSALES

Por favor, pónganse de acuerdo. El mismo día miércoles en que el canciller Elías Jaua declara en Bolivia que en 15 días de acontecimientos en Venezuela hubo “sólo dos muertos relacionados con funcionarios”, Nicolás maduro declara en Caracas que durante esos acontecimientos las muertes fueron 50. ¿Vinculadas o no con funcionarios? No lo especificó. Oficial y comprobadamente anuncian que hay 13 muertos, pero las ONG claman que todavía hay una lista de desaparecidos y la declaración de Maduro obligaría incluir los desaparecidos ¿entre los 50 muertos que declaró?

Hay otras contradicciones. La Conferencia nacional de Paz, abierta oficialmente por Nicolás maduro al concluir la reunión que a tal efecto celebró en Miraflores el 26 de febrero, se vio anulada en esta misma reunión por la intervención de Diosdado Cabello, que impide de hecho cualquier entendimiento real.

Diosdado representa al partido de gobierno, PSUV, del que es vicepresidente; el poder legislativo que también preside; y un importante segmento en la Fuerza Armada, de la que él mismo proviene. De manera que en materia de entendimiento con la oposición, Nicolás Maduro puede decir misa, pero sin Diosdado, no se llegará al mea culpa y menos a la Comunión.

La Conferencia de Paz se inició con una real esperanza de entendimiento por dos intervenciones: la lectura por el Nuncio Apostólico Aldo Giordano de una carta del Papa Francisco aconsejando el perdón y entendimiento, seguida por la declaración de la Conferencia Episcopal Venezolana ene se mismo sentido. Poco después, llegó la intervención de Diosdado Cabello. Casi de inmediato, Cabello fue segundado por las intervenciones de Jorge Rodríguez y Aristóbulo Istúriz del ala dura chavista.

Importantes documentos en pro de la paz y peticiones para alcanzarla, ya estaban emitidos por el movimiento estudiantil y los líderes de la oposición, curiosamente por separado: Antonio Ledezma, Leopoldo López, Capriles Radonski y Ramón Guillermo Aveledo en nombre de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Todas  quedaron sin respuesta. La ausencia de la MUD de la reunión de Miraflores, fue objeto de burlas por parte de Diosdado.

El nudo  

La velocidad de los acontecimientos se mide por cifras: cuando la periodista de Zeta, Aída Gutiérrez, entrevistó al abogado Alfredo Romero, el 25 de febrero, la cifras que manejaba el Foro penal eran de 609 detenciones y 18 casos documentados de tortura. Al cierre de esta edición de Zeta, el 27 de febrero, las torturas referidas ante el Foro Penal ya eran 33. Entretanto, las arremetidas contra las manifestaciones que cierran las calles, proseguían en numerosas ciudades del país. San Cristóbal y Táchira se mantenían en franca rebeldía; Barinas era escenario de situaciones violentas; en el estado Bolívar, Puerto Ordaz seguía con un caudal de heridos por la Guardia Nacional; en Caracas, la guarimba de Los Ruices se reactivaba cada noche, con las consabidas arremetidas a tiros de la Guardia Nacional.

Lo grave para el gobierno es que los casos de tortura ocurrieron en su totalidad en instalaciones de diversos cuerpos oficiales. En cuanto a los heridos, en la mayoría de los casos actuó, según los videos, la Guardia Nacional y la responsabilidad recae en los comandantes de los Core (Comandos Regionales). Precisamente a ellos iban dirigidas las marchas de las mujeres en todo el país el pasado 26 de febrero.

La rebelión de la sociedad civil actúa desarmada y no posee la fuerza de oponerse a la Guardia Nacional, las Milicias y las múltiples policías: la Nacional Bolivariana, las estadales, municipales y la judicial. Precisamente por eso, el salvajismo de la represión y la desigualdad de fuerzas, aunados a la facilidad de documentar con fotos y videos, es lo que activó la indignación internacional y abrió una defensa de la población basada en presiones de orden moral, provenientes del mundo exterior.

Todo lo anterior ha creado al gobierno el dilema entre aplastar la oposición por la fuerza, o aceptar un retroceso en el avance del régimen hacia la dictadura total. La reunión de Miraflores para instaurar el diálogo de paz, dejó en evidencia la pugna de las dos tendencias en el seno del chavismo.

El elemento salvaje

El eventual plan de una represión total, cuyos más notables exponentes serían a primera vista la triple llave conformada por Diosdado Cabello y los gobernadores de Carabobo y Bolívar, Francisco Ameliach y Francisco Rangel Gómez respectivamente, sería el de una total arremetida contra la oposición. Paralelamente a esa eventualidad, existe otro brazo de alta violencia como lo son “los colectivos”, bandas armadas por el gobierno de civiles motorizados, organizados y entrenados para atacar. Operan en diversos estados y actúan bajo distintos nombres.

El apoyo de Nicolás Maduro a los motorizados se ha expresado en muy recientes ocasiones. Particularmente claro ha sido su endoso a los colectivos, al decir que ellos “trabajan por la patria”. Esta misma semana, Maduro invitó una gran concentración de motorizados y los recibió en Miraflores. No se especificó cuántos motorizados invitados eran miembros de colectivos, pero es significativo que todos fueron previamente revisados por la Casa Militar, para asegurarse que ninguno portada armas, según se filtró a la prensa.

Hasta ahora, los colectivos están siendo abiertamente utilizados contra los manifestantes en una especie de ensayo general de los saqueos, como ya ocurrió en municipios cuyos alcaldes son de oposición (Carabobo, Aragua, Barinas).

Precisamente, una de las condiciones que plantean diversos voceros de la oposición al gobierno para conversar de la paz, es el desarme de los colectivos. Afirman que de lo contrario, ninguna conversación de paz sería viable. Sobre todo no importa el tema, porque la penuria de comida básica hace prever la llegada de los saqueos y cabe preguntar, a quién ese caos beneficiará.

Romper el nudo

Frente a la fuerza de las armas legales e ilegales de la que dispone el chavismo, la oposición ha logrado movilizar la opinión pública mundial, lo que a su vez extiende sobre ella cierto manto protector, porque a estas alturas, otra arremetida de fuerza bruta contra los opositores haría peligrar la permanencia de Maduro.

Un presidente cuya legitimidad es cuestionada tanto en su elección con una mayoría que nunca ha sido plenamente aclarada, como en su posible doble nacionalidad, es de relativamente fácil remoción desde el punto de vista formal. La unanimidad de la opinión pública internacional que se está formando en su contra, facilitaría un cambio que sólo encontraría unas protestas regionales de poco peso real. Es cuando uno se pregunta cuáles son las metas de los chavistas que preconizan la represión a sangre y fuego. ¿Tumbar a Maduro?

Por otra parte, una fuerza armada donde varios comandantes empiezan a verse en el espejo de Lesa Humanidad, no debe sentirse tranquila. Tarde o temprano, los militares deberán resolver su problema interno, el de una facción negada a la represión de civiles, y otra, adoctrinada y controlada por la injerencia cubana. Mientras más tiempo permanece la oposición en las calles, más agudo ha de presentarse el problema dentro de la Fuerza Armada e incluso, más dudas sobre su propio futuro habrán de albergar no solo la oficialidad, sino también los líderes de los colectivos.

En conclusión, en una semana, la rebelión ha fortalecido sus posiciones, pero lo hizo a un precio muy alto de vidas, torturas, sufrimiento y angustias, sin que se vislumbre todavía la paz que todos enarbolan, sin que ninguno haga efectiva.

FUENTE: Revista Zeta Nº1941 – 28-02-14

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