Los días de la huelga general

Los venezolanos viven esta última semana de julio 2017 sumidos en la resistencia y la angustia. Una ojeada a los vecinos lo comprueba.

Por Aída Gutiérrez H. / @guti21

Angustia, ansiedad, temor, tristeza, rabia, incertidumbre, son las emociones de los venezolanos en estos días de resistencia pacífica en rechazo al gobierno de Nicolás Maduro, que llegan a 118. Con el anuncio de la MUD de un paro de 48 horas y la recomendación de “apertrecharse” aumentó el estrés en la ciudadanía.

“Los casos de angustia y ansiedad han aumentado. Hay una tristeza que  amenaza en tornarse en depresión.  Aunque el 16 de julio la esperanza tocó a la puerta, fue un día en que muchos volvieron a sonreír. Pero la incertidumbre continua allí, se alojó en la vida de los venezolanos. En estos días de paro aunque la gente esté encerrada en su casa, el temor y la angustia no deja  ni siquiera conciliar el sueño”. Habla el psiquiatra Jesús Contreras, quien indica que hay una nueva epidemia que invade la salud de los venezolanos, que es el insomnio. Y con la escasez actual de medicamentos, la situación es bastante complicada.

Antes del paro

Desde el domingo muchos caraqueños llenaron los supermercados y mercados populares para prepararse para no salir de sus casas por 48 horas.

Una reunión de vecinos del Este de Caracas, el lunes 24. Esteban dice: “Hay que hacer un plan de contingencia para estos días, comprar alimentos perecederos, velas, agua mineral, pilas, no sabemos hasta cuándo se extienda el paro, hay que estar preparados si aparecen los malandros armados”.  Juan contesta: “Yo no tengo real para comprar comida para una contingencia, haré mis compras normales  y tampoco tengo armas para defenderme de esos delincuentes”. Rosaura expresa: “Tengo 2 meses que no tomo mi medicina, con la angustia se me está subiendo la tensión. No hay pan, no hay galletas, una latica de atún cuesta 6 mil bolívares.  Yo no puedo comprar comida para una contingencia además la escasez es brutal, y si vienen los colectivos ¿cómo me defiendo? somos 3 viejos en casa, este estrés me va a matar”, rompió en llanto la ama de casa de 66 años.

Luego, en un supermercado en Los Ruices, Albertina comenta: “apoyo el paro y cualquier otra actividad que contribuya a la salida de la dictadura, pero ¿cómo “apertrecharnos” si no hay dinero y la escasez es dramática? Compre dos muslos de pollo, unos trozos de lagarto y verduras, para hacer un sancocho. El dinero no me alcanzó y si se alarga el paro le echo más agua al caldo, esto me agarro con la nevera vacía. ”

Durante el paro

Miércoles 26. Silencio abrumador, no pasan carros ni tampoco transeúntes. Muy temprano en la mañana los vecinos colocan una barricada en la vía principal y se resguardan en sus hogares. La soledad en las calles de Caracas no se asemeja ni siquiera a un viernes santo. Autopistas y avenidas vacías. Varios abastos y panaderías abrieron temprano pero los vecinos pidieron que cerraran, que apoyaran el paro, los comerciantes obedecieron la voz de la mayoría.

Jueves 27. Continúa el silencio y la soledad en las calles. La barricada de los vecinos amaneció intacta. Hablan de que se cumplió el paro en un 90%. Según una fuente, muchos empleados públicos se sumaron al paro a pesar de las amenazas. Dos días en casa con la familia, aunque la incertidumbre continúa y carcome.  (@guti21)

 

FUENTE: Revista Zeta N°2.109 – 29/07/2017 

………………………………………………………………………………